Palabras clave: Desarrollo del Capital Humano; Mercado Laboral; Empleo; Inclusión Económica; Juventud

Definición

La capacitación inclusiva abarca un conjunto completo de programas de desarrollo de habilidades —incluida la formación profesional técnica, la educación en habilidades para la vida y el apoyo al emprendimiento— diseñados para poblaciones desfavorecidas y marginadas. Cubre todas las etapas y aspectos del desarrollo de habilidades para promover de manera integral la inclusión social, desde el acceso inicial al programa y la elección, hasta la asistencia, los materiales y metodologías de aprendizaje, la infraestructura accesible, la evaluación y certificación rigurosa, y la eventual transición al mercado laboral.

Justificación

La formación profesional inclusiva desempeña un papel fundamental en creación de oportunidades para generar ingresos, acceso a empleos dignos y reducción de la pobreza, la desigualdad y el hambre. Sin embargo, los grupos desfavorecidos (incluyendo, entre otros, a personas con discapacidad, mujeres, jóvenes e individuos de hogares de bajos ingresos) a menudo enfrentan importantes barreras estructurales, financieras y sociales para el desarrollo de habilidades.

Los sistemas de formación deben ser lo suficientemente inclusivos para garantizar que todos puedan completar la formación y tener igualdad de oportunidades de asistencia, evaluación, certificación y transición al trabajo. Los sistemas y programas de educación y formación deben diseñarse para superar la gama de barreras existentes, responder de manera flexible a las diferentes necesidades, desafiar los estereotipos sociales y abordar las cuestiones de estatus y la discriminación. También deben prevenir el abandono y ofrecer vías fluidas para aprender y desarrollar una carrera profesional.

Un estudio reciente de la International Labour Organization (ILO) y el Banco Mundial(2024) encontró que las características clave de diseño de programas efectivos de mercado laboral activo (ALMP) que se centran en la capacitación incluyen habilidades blandas/fundamentales y certificación. Los ALMP exitosos también combinan frecuentemente la capacitación con orientación profesional, apoyo en la búsqueda de empleo y/o componentes de emprendimiento para abordar las múltiples barreras que enfrentan los jóvenes, especialmente en países de ingresos bajos e intermedios.

Intervenciones Clave

Medidas — ambas financieros y no financieros — para aumentar la inclusividad en la formación profesional incluyen, pero no se limitan a:

  • Campañas de divulgación específicas;
  • Políticas para procesos de admisión inclusivos;
  • Pedagogía centrada en el alumno;
  • Planes de estudios flexibles;
  • Diseño universal para el aprendizaje;
  • Políticas contra la violencia y el acoso;
  • Idear servicios de apoyo;
  • Garantizar adaptaciones razonables, por ejemplo, tecnologías de asistencia, intérpretes de lenguaje de señas;
  • Incentivos económicos para los alumnos, como vales, becas o subvenciones;
  • Mecanismos financieros que formen a los proveedores y promuevan la inclusión, por ejemplo, mediante acuerdos basados en objetivos, formación contratada o financiación pública puntual para aumentar la capacidad o la accesibilidad;
  • Subvenciones o incentivos fiscales a los empresarios para animarles a contratar a alumnos de grupos desfavorecidos u ofrecerles formación en el puesto de trabajo;
  • Facilitación de la correspondencia de empleo a través de agencias de empleo y centros de carreraColocación/intermediación laboral);
  • Invertir en infraestructuras que tengan en cuenta la discapacidad y la perspectiva de género.

Grupos desfavorecidos, entre ellos:

  • Mujeres;
  • Trabajadores de la economía informal;
  • Migrantes y refugiados;
  • Trabajadores rurales;
  • Agricultores y trabajadores de la cadena de valor alimentaria;
  • Personas con discapacidad;
  • Jóvenes;
  • Trabajadores en entornos frágiles.

El reto clave de la formación profesional inclusiva es garantizar realmente la inclusividad. Los siguientes son importantes factores de éxito:

  • Garantizar el diálogo social para mejorar colectivamente todos los aspectos de la formación profesional;
  • Abordar el estigma y la discriminación entre el personal de formación profesional;
  • Capacitar a los formadores e integrar la inclusión social;
  • Disponibilidad de centros de formación en las zonas rurales;
  • Lograr un cambio en los estereotipos de género y/o culturales más allá del contexto de la formación;
  • Superar la carga de trabajo de cuidados no remunerado (principalmente para las mujeres, que en ese caso pueden verse limitadas para asistir a la formación profesional);
  • Limitación de recursos, tanto financieros como humanos;
  • Falta de conocimiento de los derechos;
  • Evaluar y ajustar periódicamente las estrategias en función de los comentarios de los alumnos;
  • Impulsar la inclusión social en el mercado laboral para una transición efectiva al trabajo.
a) apoyar la ampliación de la cobertura de las personas en situación de pobreza o vulnerables a ella en los sistemas nacionales de protección social y hacer frente a los riesgos y contingencias a lo largo de su ciclo de vida (meta 1.3 de los ODS), contribuyendo así a la realización progresiva del derecho a la seguridad social y c) apoyar el acceso a los servicios básicos (educación, salud, agua y saneamiento y vivienda), los activos productivos, la tecnología apropiada (dando prioridad a las opciones con bajas emisiones de carbono), la información, los programas integrados de inclusión social y económica, la capacitación (incluida la asistencia técnica y los servicios de extensión en las zonas rurales), la inclusión financiera, la creación de empleo decente y el acceso a alimentos seguros, nutritivos y suficientes (por ejemplo, programas de comidas escolares cultivadas en casa) (metas 1.4, 2.1 y 2.2 de los ODS)

-